Equivocaron la palabra. Pues lo que buscaba la empresa no era dar un trabajo fijo, ni tampoco crear una figura nueva para periodos de exceso en la carga de trabajo. Lo que quería era claramente capear el temporal, frenar la formalización de nuevos contratos fijos, y maquillar una contratación, más propia de una ETT que de una empresa Estatal como Correos.
Y esto se ve claramente en las diferentes ocasiones en las que la empresa tiene que tratar con estos nuevos trabajadores, que recién llegados a la empresa, tras haber aprobado una pseudo-oposición, a la que se apuntaban las personas con la esperanza de conseguir un trabajo a jornada completa, para todo el año y en condiciones normales. Y acto seguido, en sólo unos 8 meses de espera (¡ahí es nah’!) la empresa les oferta unos contratos bastante risibles de unos 3 meses anuales y en unas condiciones poco claras, casi a sorteo y a los cuales les dan un prenombre de “Fijos” que está claramente sólo para adornar, y que a todos nos pareció aberrante.
Pero pasamos por el aro, y todos dijimos que sí. Trabajadores, sindicatos y todos aceptamos eso como válido, cuando fue sólo una tomadura de pelo.
Y entonces llega el verano, y quien firmó que le dieran 3 meses, lo que le dieron fue… (un respetable se guarda de decir tacos en este blog); y luego llegaron los por fin tan deseados contratos fijos (sin más), fijos tal y como deseábamos todos. Y los contratos eran una mezcla de saldos y mercadillos, un despiece de los peores barrios y zonas rurales que podíamos haber imaginado y en condiciones a veces tan indignantes que no sabías si cogías un trabajo, o te condenaban por algún pecado
Los que nos resistimos por dignidad a coger “cualquier cosa”, llegamos a navidad. Sin tener nada claro ni los periodos, ni si vamos a trabajar ni ninguna otra cosa, ya que la comunicación entre la empresa y el trabajador es nula.
Nos incorporamos a trabajar un lunes y tal martes como hoy nos dan una hoja para firmar de que sabemos y conocemos, que nuestro contrato se extiende del 10/12 al 16/12.
Estupefacto, miro la hoja por delante y por detrás (en blanco) y la firmo.
Una semana, una semana es lo que nos contrata la empresa a los que nos resistimos a acabar en un rural perdido de la mano de dios, extra-super-mega-hiper-dimensionado pagando alquiler de oficina y estropeando nuestro vehiculo particular.
Yo aprobé un examen, pasé una oposición, llevo más de 6 años trabajando para Correos, y nunca he fallado. Simplemente creo que me merezco un trato mejor.